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lunes, 4 de octubre de 2010

Capítulo 3.

Capítulo 3.
-Marte, de verdad, ya me tienes harta –dijo Silvia.
- ¡Pero si ahora no he hecho nada! No sé cómo ha podido pasar –le respondió Marta.
Sí amigos, lo habéis adivinado. Esta vez el narrador de esta historia soy yo, Javi. El mismo que murió ahogado en un charco y que volvió convertido en una botella de mistol porque resultó que no había muerto de verdad.
Esta vez nuestra aventura no tenía nada que ver con las anteriores. Nos encontrábamos ante el mayor reto de nuestras vidas y Marta, que si no la lía no está contenta, haciendo alarde de los grandes enemigos que tenía, de repente era un calcetín de lana.
-A ver Marta, recuerda, ¿qué es lo que has hecho durante toda tu vida? –inquirí-. ¿Algo que destacar? ¿Alguna persona que quiera vengarse de ti?
-¡Claro! Javi, ¿tú sabes cuántos subterráneos he matado?
-No puede haber sido cualquier subterráneo. No todos tienen ese poder. Debe haber sido un mago o una bruja muy poderosa –dijo Silvia, tras reflexionar unos instantes.
Y tenía razón. Esto no podía ser obra de un vampiro ni un licántropo.
-Genial –se quejó Marta-. Eso sólo lo reduce la comunidad subterránea a la mitad, es decir, unos 10.000.000 de bichos. Estúpido humano.
-¿Qué te hemos hecho los humanos ahora? –le grité. Siempre se estaba metiendo conmigo y eso hería mis sentimientos snif ¬¬. Es broma, no soy una maricona…hablando de machos…hay una tal Irene en mi clase que está de buena…
-Tenemos que bajar abajo a averiguar quién ha hecho esto –se entrometió Silvia.
- ¡No! Antes Marta tiene que responderme. ¿Qué te hemos hecho los humanos, eh? Seguro que son ideas que te mete en la cabeza ese al que te estás tirando, ese tal Jace…un mamporro le daba yo…
-¡Deja en paz a Jace! Él no te ha hecho nada. Simplemente, somos superiores a vosotros.
-¡Vete a tomar cañas borracha!
-¡Basta! –Interrumpió de nuevo Silvia, poniendo así un poco de orden-. ¡HOMBRE YA!


Marta no hacía más que quejarse por su nuevo estado.
-¡Jo, no es justo! Ahora viene el verano, si al menos fuera de algodón… ¡Pero no! Tenía que ser de lana. A pasar calor.
-Quien te haya hecho esto debe odiarte mucho –le dije.

Finalmente bajamos a ver a varios miembros importantes de la comunidad subterránea. Gracias a eso pudimos averiguar al fin quien había sido el que había hechizado a Marta. El terrible mago Truimbol, el mismo que engañó a Marta en el I capítulo y le hizo creer que si le ayudaba conseguiría resucitarme, había hecho un trato con el demonio Eblus para que le devolviera la vida a cambio de favores sexuales. Y había vuelto clamando venganza hacia quien le había matado, convirtiéndola en lo que más odiaba: los calcetines. Marta nunca se los ponía. Incluso en invierno iba con chanclas playeras.
-Mierda, mierda. No puedo pelear con Truimbol siendo un calcetín. ¡Voy a quedarme así para siempre! Descuidaré mi trabajo como vendedora de casa y me despedirán- rechistaba Marta. ¡Qué pesada!
-Javi, aléjate de mí –dijo Silvia de repente.
-¿Peque? ¿Qué te pasa? –preguntó Marta.
-Creo que si tuvieras sangre ahora mismo querría chupártela. Mira mis colmillos.
-¡Dios mío, eres una atractiva vampira! –exclamé asombrado-. ¡Pero bien! Estoy orgulloso de ti: no brillas.
-Bien Peque. Ahora podrás ayudarme a vencer a Truimbol. ¿Pero cómo ha sucedido?
-Creo que haber mordido al rey vampiro tiene algo que ver.
La cara de Marta calcetín pareció algo decepcionada.
-Pensaba que tendría algo que ver con café –dijo al fin.
-¡Ah, café! ¿Dónde? –me aterra el café.
-En ningún sitio Javi. Bien Peque, vamos a matar a Truimbol.
-Esperad, yo también quiero ir –les dije impidiendo que continuaran avanzando.
-Te dan miedo los subterráneos, y no tienes manera de combatir. Eres un común mundano.
-¡Pero puedo bajar a la tienda! Han abierto una nueva sección de poderes letales, junto a los discos de recopilatorios de podcast caramelizado.
-Está bien, pero compra el pan de paso, y mistol, que no tenemos.
Y así lo hice, compré un poder de fuego y gracias al dependiente supe que mi madre había sido una poderosa bruja, por lo que aprendí a controlar el hechizo más rápido. ¿Eso me convertía en una bruja macho?
Teníamos un problema: el mago Truimbol había hecho un trato para ser inmortal mientras fuera mago. Pero entre Marta y Silvia idearon un plan que yo acaté. No se me da nada bien pensar.
Me arrojé sobre Truimbol y le ahorqué con súper Marta calcetín. Acto seguido llegó Silvia para chuparle la sangre que el calcetín le impedía fluir, convirtiéndolo en un vampiro, y como los vampiros mueren troceados y quemados, Marta, que ya había recuperado su forma original al anular los poderes del mago, lo despedazó con su cuchillo serafín, y finalmente yo le lancé mi nuevo poder de fuego. El mago no tuvo otro remedio que morir.
-¡Menos mal! Me moría de hambre –exclamó Silvia tocándose su satisfecho estómago.


[Aquí es cuando se le va la pinza a Silvia, la verdadera narradora del capi.]
En fin, como veis, todo salió bien aunque se me olvidó comprar el mistol. La convivencia entre tres personas que por raza se odian a muerte no resultó nada fácil, pero poco a poco aprendimos a tolerarnos. Conseguí tirarme a Charene, una atractiva muchacha de mi clase, licántropa. Entre los 4 creamos un imperio, y gracias a eso dominamos el mundo y sometimos a los humanos a nuestra voluntad, aunque hay una especie que se nos resistía. ¡Los zombis! Pero eso ya es otra historia.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Hola a todos!!

Resulta que un buen día en clase, en la universidad, estábamos tan aburridas que decidimos escribirnos, mi compañera Marte y yo un cuento cada una. Cual fue la sorpresa con la que nos encontramos cuando vemos que a uno de los cuentos podemos sacarle jugo y convertirlo en una historia la mar de divertida!!


Así que aquí estoy, con este blog para que podamos seguirnos desde las distancias y para que pueda leerlo quien quiera a través del enlace o desde donde quiera que se busquen estas cosas (sí, estoy un poco verde y qué?)
Pues eso, esperamos que os guste mucho y que os riais como nosotras.
Un biko enorme para todos!!

Capítulo 1

Capítulo 1

¡Hola! Me llamo Silvia y hoy me mudo de casa. Eso me recuerda a la última mudanza que tuve. Todo el mundo me decía que la casa a la que iba estaba encantada, pero yo no hice caso y la casa era tan bonita y tan barata que no pude resistirme.


Aquel día solté las cajas y di una vuelta por aquella inmensa mansión para elegir habitación. Después de andar media hora, llegué a la habitación perfecta: una cama enorme, paredes de color rosado, cortinas de ensueño... y en ese momento algo cayó sobre mi cabeza.

-¡Au! -me quejé.

Un escalofrío se adentró hasta mis entrañas e hizo  que se me erizara el vello de todo el cuerpo: Allí no había nadie.

-Jaajaa. ¡Qué tonta eres! -se oyó una voz que resonaba por toda la habitación. El eco retumbaba en las paredes desconchadas-. Estoy aquí.

Por un instante pensé que la voz venía de mi cabeza. Me giré instintivamente, como si por arte de magia fuera a aparecer alguien. Volvió a ocurrir, pero esta vez me giré hacia la izquierda. De repente un boli se me clavó en el ojo.

-Vete de aquí si no quieres morir.

Reconocí la voz.

-¡Marte!

Las incesantes risas, que habían adornado el silencio de la lúgubre casa, cesaron.

-¿Silvia?

-La misma.

Mi amiga Marta murió hace mucho tiempo, pero no tuvo una muerte normal. Antes de morir mató a una bruja, un mago, un vampiro y un hombre lobo. Ella era una Cazadora de Sombras, una néfilim, la más famosa de todas, y toda la comunidad subterránea se unió para echarle una maldición e impedir que siguiera matando seres sobrenaturales.

Le echaron la peor maldición que podía existir jamás: después de morir su espíritu seguiría vagando sin rumbo, encerrada en una casa sin poder salir.

-¡Silvia, eres mi salvación! Llevo tres años aquí encerrada. Tienes que ayudarme a librarme de mi maldición.

Sus palabras me desconcertaron.

-¿Ayudarte a librarte? Solo soy una mundana. Si al menos fuera una néfilim...

El fantasma de Marta se mostró ante mí. Al fin aparecía. Tenía el rostro pálido y ojeroso y llevaba un vestido blanco y largo. Con encajes y lazos. Un fantasma aterrador.

-¡Una mundana! ¡Justo lo que necesito!

Me agarró del brazo con su translúcida mano blanca, fuimos a la cocina y empezó a preparar café. Recordé lo mucho que le gustaba el café a Marta.

-¿Quieres un poco? -inquirió.

-No, gracias.

Seguía preparando más y más café. Para personas vivas eso sería una dosis mortal. ¿Acaso necesitaba un fantasma mucha más cafeína? O... ¿es que a ella, como ya estaba muerta, le daban igual las dosis letales?

Me enseñó un posit amarillo, que contenía un pequeño párrafo con letras difíciles de leer.

<< Para librar de una maldición subterránea a un néfilim, este tiene que conseguir que una mundana  de espíritu y corazón puro tire café hirviendo a una bruja, un hombre lobo, un vampiro y un mago>>.

-¿Lo harás por mí?

Asentí con la cabeza con un gesto decidido, y lo hice. Me adentré en la comunidad subterránea con un poco de miedo a que me pillaran. Pero Marta me acompañaba y se había puesto su uniforme de Cazadora de Sobras. Además, pocos serían los que se acercaran a un fantasma tan aterrador. 

No hubo problemas con la bruja, ni con el mago, tampoco con el hombre lobo...

Sin embargo, alguien debía de haber alertado a la comunidad vampírica. El rey de los vampiros me estaba esperando. Se había afilado incluso los colmillos para morderme y chuparme la sangre. Se abalanzó sobre mí, pero lo esquivé con una agilidad admirable, con tan mala suerte que me agarró del cuello, asfixiándome. En un último recobro de fuerzas, le mordí el brazo. El vampiro me soltó

-¡Toma! -Marta me lanzó la última taza de café, que yo tiré al malvado vampiro.

Este se desintegró, como habían hecho el resto de las criaturas.

Una luz cegadora me nubló la vista. No pude abrir los ojos en varias horas por culpa de esa luz. Finalmente los abrí...

Marta estaba delante de mí tomando una taza de café que había traído para ella. Llevaba sus ropas negras, el uniforme de néfilim. Estaba viva.

-¡Peque! -me dijo abalanzándose sobre mí y abrazándome-. ¡Muchas gracias!

Le devolví el abrazo. Estaba tan contenta de ver a mi amiga de nuevo con vida.

-Volvamos a casa -me rogó Marta.

Estuve viviendo con ella varias semanas, hasta que un día la comunidad subterránea vino y me echó una maldición a mí.

Hoy me mudo rumbo a la casa a la que perteneceré durante varios años. Al menos hasta que consiga manipular a alguna mundana...

FIN. [O no...]