lunes, 21 de febrero de 2011

Capítulo 12!!

Capítulo 12
Anabel (mi primera historia weeeee ^^)
Hasta este punto mi, hasta entonces corta vida, no había podido ser más surrealista. Nací en una raza extinta, vete tú a saber por qué, ya que mis padres atravesaban en ese momento una crisis sexual…
Javi dice: ¡hola!!
Anabel: Javi! Este es mi capi :@ No te metas!
Javi: ya, pero es que en el último capítulo no salí, snif snif.
En fin, como iba diciendo, crecí muy deprisa y descubrí que podía mandar a personas volando por los aires de una patada. Después, el único niño de mi edad con el que tenía contacto era mi enemigo natural… al igual que todos los adultos que me rodeaban, a decir verdad. Para seguir, ese niño de mi edad había sido engendrado entre mi tío Javi y un hada sin genitales (sí, yo tampoco sé como lo hicieron), que le hizo volver atrás en el tiempo para ponerlo en la puerta de su padre. Y lo qué más me jode, es que casi siempre me gana a los juegos porque es más grande que yo… cuando en realidad nació después.
Sí, mi vida era rara, pero si esperaba que mejorase y se hiciese normal estaba loca. Mi padre había muerto (lo había matado el que ahora es marido de mi tío, Luque), y mi madre había cruzado medio mundo para recuperarlo. Y en este punto de la historia estábamos cuando tía Silvia fue al encuentro con mis padres y se llevó un susto de muerte.
-¡Marte, Jace! – dijo tía Silvia corriendo a abrazarlos.
-¡Ahh! ¡Vampiros!- gritó mamá, y sacó un cuchillo serafín para tratar de matarla.
Por fortuna, gracias a la agilidad de los vampiros, tía Silvia consiguió esquivarla, y papá la sujetó. J.E. y Eva corrieron a ayudarle.
—No sé qué le pasa—explicó mi padre—No tiene ningún recuerdo. No sabe ni quién es, ni quién soy yo.
— ¿Y por qué me ataca? –preguntó tía Silvia.
-Porque es una néfilim y te ataca por instinto.
En ese momento se oyó la puesta, otra vez. Tía Silvia fue a abrir, ya que los demás sujetaban a mi madre. Eran tío Javi, Luque y Baro.
-¡Oh, qué desgracia tan terrible! –dijo Javi.
-¿Cómo os habéis enterado?—preguntó tía Silvia –no estamos conectados a la red telepática.
-Ha ido a avisarnos J.E. –respondió mi tío.
-No que va, yo no he salido de aquí, y me acabo de enterar.
-Ya, es que hemos viajado atrás en el tiempo… deberías salir a avisarnos ya, por cierto, para que lleguemos a tiempo.
A parte de los tres viajeros del tiempo, ninguno entendíamos nada, pero asentimos con la cabeza y sonreímos como si lo hiciésemos. J.E. salió para avisar a los magos y el hada. Baro lanzó un conjuro a mi madre para que se durmiese, mientras nosotros tratábamos de entender qué estaba pasando.
-Supongo que, para traerme de vuelta, Marta habrá entregado sus recuerdos al ángel Raziel, que debe ser convocado con los Instrumentos Mortales y puede conceder cualquier deseo, o preparar unas tortitas de muerte.
-¿En serio? –pregunté a mi padre.
-Sí.
-¡Y no me contáis nada! No sé nada sobre mis orígenes. ¡Vaya néfilim voy a ser! –gruñí.
-Acabo de volver de entre los muertos. Qué menos que un hola papá ¬¬
-Bueno, ¿y qué podemos hacer?
Papá nos contó que para recuperar sus recuerdos 7 enanitos debían colocar a mi madre en una urna de cristal y que un príncipe azul le diese un beso.
-¿Y cuál es el problema? –Preguntó tía Silvia, poniéndose su capa rojo sangre para salir –vayamos a buscar a esos enanos.
-El problema es que las urnas de cristal cuestan un ojo de la cara y  a mí el banco ahora no me da un préstamo  ni de coña, que hasta ayer estaba muerto. No quiero ni pensar en la de papeleo que me espera…
-Jace, vivo en un palacio de oro, tengo ataúdes de cristal por doquier, ya sabéis, para los invitados y eso.  Pero, ¿dónde encontramos un príncipe azul?
-¡Yo sé! –Dijo Javi—el otro día, en una página porn… digo, en una página educativa, había teléfonos de contactos de hadas madrinas, princesas de cuento, brujas… y había un apartado para príncipes azules.
Decidimos separarnos para buscar lo necesario. Javi se dedicó a buscar en sus páginas educativas, aunque no se metió hasta que no nos hubimos ido todos, no sé por qué. Los demás fuimos a buscar a los enanos. Yo fui con Baro y jugamos a nuestro juego favorito: intentar matarnos.
Al cabo de una hora, nos reunimos en el palacio con 7 enanos (uno de Luke, uno de Eva, otro de J.E., uno más de Silvia, otro de mi padre, y otro de los benjamines, o sea, nosotros). Cuando llegamos, ya estaba allí el príncipe azul: un chaval con acné que mascaba chicle con sabor a clorofila.
-¡Ey! ¿Qué pasa peña?
Los enanos colocaron a mi madre en la urna, y se fueron, quejándose de que era la tercera vez en el mes que los sacaban de la cama en mitad de la noche, y diciendo que iban a montar un sindicato.
El príncipe azul besó a mi madre, no sin que antes mi padre le hubiese dado una lista de las características del beso, con cosas como “no puede durar más de 3 segundos”, “no habrá lengua” o “no se vale tocar una tetilla ni nada”.
Al fin mi madre despertó, y volvió a recuperar sus recuerdos. Todos empezamos a hablar, poniendo al corriente a mi padre sobre lo que se había perdido. Lamentaba haberse perdido la boda de tía Silvia, pero aún más la de tío Javi casándose con Luke.
Cuando estaba amaneciendo, mi padre se puso de rodillas y le preguntó a mi madre si se quería casar con él.
-¿No estáis casados? ¡Estáis viviendo en pecado! –exclamó el príncipe azul. Todos le miramos mal—ah, perdón. Por favor, contesta.
Mi madre dijo que sí.
-¡Peke! ¡Nos tenemos que ir de compras!
Parecía que la vida volvía a la normalidad. Y así fue por un tiempo… hasta que Luke la lió parda y se le fue eso de los viajes en el tiempo y nos las vimos con un mamut parlante.
 Pero esa ya es otra historia…