sábado, 18 de septiembre de 2010

Capítulo 1

Capítulo 1

¡Hola! Me llamo Silvia y hoy me mudo de casa. Eso me recuerda a la última mudanza que tuve. Todo el mundo me decía que la casa a la que iba estaba encantada, pero yo no hice caso y la casa era tan bonita y tan barata que no pude resistirme.


Aquel día solté las cajas y di una vuelta por aquella inmensa mansión para elegir habitación. Después de andar media hora, llegué a la habitación perfecta: una cama enorme, paredes de color rosado, cortinas de ensueño... y en ese momento algo cayó sobre mi cabeza.

-¡Au! -me quejé.

Un escalofrío se adentró hasta mis entrañas e hizo  que se me erizara el vello de todo el cuerpo: Allí no había nadie.

-Jaajaa. ¡Qué tonta eres! -se oyó una voz que resonaba por toda la habitación. El eco retumbaba en las paredes desconchadas-. Estoy aquí.

Por un instante pensé que la voz venía de mi cabeza. Me giré instintivamente, como si por arte de magia fuera a aparecer alguien. Volvió a ocurrir, pero esta vez me giré hacia la izquierda. De repente un boli se me clavó en el ojo.

-Vete de aquí si no quieres morir.

Reconocí la voz.

-¡Marte!

Las incesantes risas, que habían adornado el silencio de la lúgubre casa, cesaron.

-¿Silvia?

-La misma.

Mi amiga Marta murió hace mucho tiempo, pero no tuvo una muerte normal. Antes de morir mató a una bruja, un mago, un vampiro y un hombre lobo. Ella era una Cazadora de Sombras, una néfilim, la más famosa de todas, y toda la comunidad subterránea se unió para echarle una maldición e impedir que siguiera matando seres sobrenaturales.

Le echaron la peor maldición que podía existir jamás: después de morir su espíritu seguiría vagando sin rumbo, encerrada en una casa sin poder salir.

-¡Silvia, eres mi salvación! Llevo tres años aquí encerrada. Tienes que ayudarme a librarme de mi maldición.

Sus palabras me desconcertaron.

-¿Ayudarte a librarte? Solo soy una mundana. Si al menos fuera una néfilim...

El fantasma de Marta se mostró ante mí. Al fin aparecía. Tenía el rostro pálido y ojeroso y llevaba un vestido blanco y largo. Con encajes y lazos. Un fantasma aterrador.

-¡Una mundana! ¡Justo lo que necesito!

Me agarró del brazo con su translúcida mano blanca, fuimos a la cocina y empezó a preparar café. Recordé lo mucho que le gustaba el café a Marta.

-¿Quieres un poco? -inquirió.

-No, gracias.

Seguía preparando más y más café. Para personas vivas eso sería una dosis mortal. ¿Acaso necesitaba un fantasma mucha más cafeína? O... ¿es que a ella, como ya estaba muerta, le daban igual las dosis letales?

Me enseñó un posit amarillo, que contenía un pequeño párrafo con letras difíciles de leer.

<< Para librar de una maldición subterránea a un néfilim, este tiene que conseguir que una mundana  de espíritu y corazón puro tire café hirviendo a una bruja, un hombre lobo, un vampiro y un mago>>.

-¿Lo harás por mí?

Asentí con la cabeza con un gesto decidido, y lo hice. Me adentré en la comunidad subterránea con un poco de miedo a que me pillaran. Pero Marta me acompañaba y se había puesto su uniforme de Cazadora de Sobras. Además, pocos serían los que se acercaran a un fantasma tan aterrador. 

No hubo problemas con la bruja, ni con el mago, tampoco con el hombre lobo...

Sin embargo, alguien debía de haber alertado a la comunidad vampírica. El rey de los vampiros me estaba esperando. Se había afilado incluso los colmillos para morderme y chuparme la sangre. Se abalanzó sobre mí, pero lo esquivé con una agilidad admirable, con tan mala suerte que me agarró del cuello, asfixiándome. En un último recobro de fuerzas, le mordí el brazo. El vampiro me soltó

-¡Toma! -Marta me lanzó la última taza de café, que yo tiré al malvado vampiro.

Este se desintegró, como habían hecho el resto de las criaturas.

Una luz cegadora me nubló la vista. No pude abrir los ojos en varias horas por culpa de esa luz. Finalmente los abrí...

Marta estaba delante de mí tomando una taza de café que había traído para ella. Llevaba sus ropas negras, el uniforme de néfilim. Estaba viva.

-¡Peque! -me dijo abalanzándose sobre mí y abrazándome-. ¡Muchas gracias!

Le devolví el abrazo. Estaba tan contenta de ver a mi amiga de nuevo con vida.

-Volvamos a casa -me rogó Marta.

Estuve viviendo con ella varias semanas, hasta que un día la comunidad subterránea vino y me echó una maldición a mí.

Hoy me mudo rumbo a la casa a la que perteneceré durante varios años. Al menos hasta que consiga manipular a alguna mundana...

FIN. [O no...]


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