domingo, 26 de septiembre de 2010

Capítulo 2

Capítulo 2

Hola, mi nombre es Marte, y voy a contaros la historia de mi amiga Silvia.

Como seguramente sabeis, a Silvia los subterráneos le echaron una maldición por quitarme a mí la mía. Parece que no les gustó tener de vuelta a una néfilim enfadada. De todas formas, por el momento, mis ideas de venganza se fueron al traste porque sentía que tenía que ayudar a Silvia, porque ella me había salvado a mí, y también porque yo no había podido ayudar a Javi. Para eso, dejé mi carrera como néfilim y me sumergí en el mundo de los mundanos para hacerme agente inmobiliaria. Enseñé la casa a muchas personas, pero ninguna pareció interesada, en parte porque los rumores de casa encantadas se extienden rápidamente, y en parte porque Silvia no era de mucha ayuda.

Un día, cansada de estar rodeada de mundanos y deseando volver a convertirme en una Cazadora de Sombras e enfrenté con Silvia.

-¡Peque, o me ayudas a poner orden aquí o nunca conseguirás quitarte la maldita maldición!

Lo cierto era que Silvia había dejado la casa en un estado bastante lamentable: había abandonado la limpieza del hogar y por todas partes había polvo, pelusas, ropa sucia, platos apilados...

-Que quieres, Marte, he estado deprimida...últimamente me han convertido en un fantasma y me han encerrado aquí.

-¡Eso no es excusa!

Así que ambas nos pusimos a ello. Silvia empezó a recoger la ropa y pronto estuvo claro que habría que poner más de una lavadora. Yo estuve ayudando, pero la sorpresa de la tarde estaba aún por llegar. Ocurrió cuando me dirigí al fregadero para lavar los platos. 

-¡Socorro! -gritó la botella de mistol al destaparla.

Mi adiestramiento como néfilim era bueno, pero nada podía prepararme para esto, así que hice lo que resultaba más lógico en aquel momento: arrojé la botella contra la pared opuesta de la habitación.

-¡Ay!-se quejó la botella.

-Genial -dije yo-, y encima ha quedado una mancha en la pared. Nunca voy a vender esta casa.

-¿Qué ha pasado? -dijo Silvia entrando en la cocina.

-Que nuestra querida amiga Marte me ha lanzado al otro extremo de la habitación -dijo la botella de mistol-. ¡Me estoy desangrando! Ah, no, espera, solo se está saliendo un poco de jabón.

Silvia recogió la botella  del suelo y la saludó: había reconocido la voz.

-¿Cómo has llegado aquí, Javi? -pregunté-. La última vez que te vi estabas muerto.

-No estaba muerto realmente -contestó.

Javi nos contó su historia a Silvia y a mí. Resulta que las arenas movedizas no eran tal cosa, sino un portal, que lo llevó ante un brujo que se enfadó muchísimo por la intromisión y lo convirtió en detergente. Entonces nosotras le contamos lo que había ocurrido mientras él no había estado.

-Así que... ¿has sido un fantasma? -me preguntó.

-Sí -le respondí.

-¡Eres una prima! -se cachondeó Javi de mí.

-Tú te convertiste en una botella de Mistol... y Silvia es un fantasma ahora.

-Pero Silvia y yo somos mundanos, y tú eres una néfilim.

-Que tendrá eso que ver -repliqué.

-Pues que es evidente que eres una néfilim bastante penosa -siguió riéndose Javi.

-Soy una néfilim estupenda. La más famosa de todas...

-He oído que ahora eres agente inmobiliario.

Silvia se puso en medio cuando salté hacia él.

-¡Niños, niños! Por cierto, Javi ¿cuánto tiempo llevas aquí?

-¿Yo? ¡Desde antes que tú! Si alguna vez hubiese fregado un plato...

-Si, ya... -le cortó Silvia-. ¿Cómo podemos liberarte?

-Con el beso que más desea mi corazón...así que ya sabéis ¡a morrearos!

Silvia y yo nos miramos. Ambas podíamos creer perfectamente que el beso que más deseara el corazón de Javi fuera ese, pero discutimos sobre que era mejor la idea de que Javi fuese una botella de Mistol.

-Bueno, resulta que soy un mundano...-empezó a decir él.

-No, eres una botella de Mistol.

-Si, pero si me transformáis, yo sería un mundano...-repitió.

-No, si este niño tiene tarita -dije yo.

-Tú sí que tienes tarita -contestó él-. Quiero decir, que si me transformáis yo podría ayudar a Silvia.

-¡Marte, bésame! -me pidió Silvia entonces.

La fantasma se abalanzó sobre mí y me besó.

-Genial, y ahora cógele la teta... ¿qué? tenía que intentarlo...

Silvia y yo le miramos con cara de pocos amigos.

-¿Porqué no eres humano? -preguntó Silvia

-... ¿qué? Ah, si...La forma de convertirme en humano es gastar el jabón fregando los platos... lo del beso es algo que soñé la otra noche...

Para no matarlo, Silvia y yo nos pusimos a fregar. Cuando terminamos, Javi volvía a ser una persona de carne y hueso.

-¡Genial! no me iba nada el color verde.

-Vale, ¿y ahora qué hacemos?- preguntó Silvia.

-Fácil -respondí-. Vamos a preparar café.





Cuando teníamos cantidades ingentes de café, a Javi le dio por preguntar qué tenía que hacer para romper la maldición de Silvia.

-Fácil, solo tienes que tirarle café hirviendo a la cara a un vampiro...

-Joder, con el miedo que me dan los vampiros.

-...a un hombre-lobo...

-Joder, con el miedo que me dan los hombres-lobo.

-... a una bruja...

-Joder, con el miedo que me dan las brujas.

-... y a un mago.

-Joder con el miedo que me dio Harry Potter.


Al final bajamos al mundo subterráneo y Javi llevó a cabo su cometido, bastante bien, para ser un mundano. Consiguió vencer a sus miedos y echarle café a la cara a todos los seres subterráneos, con dos consecuencias: una, Silvia volvió a ser humana; dos: a partir de entonces, a Javi le daba miedo el café.

-¡Peque! -dije yo.

-¡Marte! -dijo Silvia.

-¡Javi! -dijo él.

Nos fuimos a vivir juntos después durante un tiempo (después de haber limpiado un poco), hasta que uno de nosotros quedó convertido en un par de calcetines de lana. Pero esa ya es otra historia.

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